La importancia de las banderas palestinas
Las banderas palestinas son un poderoso símbolo de identidad, resiliencia y la lucha constante por la justicia. Representan la esperanza colectiva de libertad y soberanía.

COMPROMISO
Desde la limpieza étnica de la Nakba en 1948 y la colonización de la Palestina histórica, hasta décadas de ocupación en Cisjordania, Jerusalén y Gaza, el pueblo palestino ha estado sometido a un régimen de ocupación y apartheid.
Este sistema los ha despojado de sus derechos humanos fundamentales, dividiéndolos en zonas desconectadas y sometiéndolos a diversos niveles de opresión. La construcción de muros y asentamientos, los ataques de colonos, el robo de viviendas, tierras y acuíferos, la quema de olivos y el secuestro de miles de palestinos (incluidos niñas y niños que se han convertido en rehenes de la ocupación y están olvidados por el mundo) han revelado un régimen que ignora los derechos humanos y el derecho internacional.
Es crucial recordar que la mayoría de las familias palestinas en Gaza fueron expulsadas de lo que hoy se considera Israel y nunca se les permitió regresar a sus hogares. Viven a pocos kilómetros de lo que les corresponde según las resoluciones 194 y 3236 de la ONU.
Han pasado décadas en lo que se ha descrito como una prisión al aire libre, bajo un bloqueo terrestre, marítimo y aéreo, y sometidos a constantes bombardeos, con su puerto y aeropuerto destruidos. El simple acto de manifestarse pacíficamente, pescar o dedicarse a la agricultura puede costarles la vida. Creemos que el genocidio actual en Gaza es la culminación de un proyecto supremacista.
La narrativa dominante nos ha contado la historia al revés. Durante décadas, hemos estado expuestos a una versión contada por el opresor, quien persiste en presentarse como víctima gracias a la complicidad de Occidente y las grandes potencias económicas y mediáticas. Además, el Holocausto se ha utilizado de forma obscena, manchando la memoria de millones de judíos asesinados por los nazis. Hoy, miles de activistas judíos antisionistas de todo el mundo honran la memoria del Holocausto luchando contra el genocidio en Gaza.
Es fundamental reconocer que Israel, al subyugar cruel e injustamente a millones de personas en un territorio que controla ilegalmente, no puede considerarse una democracia. No podemos seguir utilizando la excusa de un futuro «dos Estados» para negar indefinidamente los derechos de las y los palestinos.
No podemos aceptar como algo natural que una persona en cualquier parte del mundo, simplemente porque profesa una religión, tenga derecho a una tierra que nunca ha pisado y que ha sido colonizada, mientras que un palestino en la diáspora no tiene derecho a regresar al hogar donde han vivido generaciones de su familia.
No debemos repetir estas falsedades; según el derecho internacional, el pueblo palestino, como pueblo oprimido, tiene derecho a resistir. Israel, como potencia ocupante, no tiene el derecho a defenderse; al contrario, tiene la obligación legal de proteger a las niñas y niños palestinos en lugar de exterminarlos.
Así como se puso fin al apartheid en Sudáfrica, el boicot, las sanciones y la desinversión son el camino a seguir. Luchemos por romper la complicidad de las instituciones y empresas en la violación de los derechos del pueblo palestino, impulsando la solidaridad ciudadana, generando conciencia y ofreciendo vías de acción.
En un mundo donde la empatía parece estar desvaneciéndose y las pocas reglas acordadas están perdiendo su valor, la causa palestina se ha convertido en la causa de la humanidad.